Entramado de emociones en la Terraza de Sada

Mecanismos retóricos arquitectónicos para producir emociones estéticas en el edificio de La Terraza de Sada.

Sonia Vázquez-Díaz y Alberto Fuentes-Valcárcel

Publicado originalmente en: López-Bahut, E. (2017) Proxecto Sada. Paixase, lugar e arquitectura. A Coruña: Escola Técnica Superior de Arquitectura da Universidade da Coruña. (En gallego el original, pp.41-52)

Resumen

La Terraza de Sada es uno de los ejemplos más significativos del modernismo en Galicia. Es el hito arquitectónico con el que se identifican los habitantes de la ciudad, y que usan como referencia al estructurar su mapa mental del entorno. Se han realizado estudios de la evolución histórica y de la importancia artística del edificio, pero no se ha abordado un análisis perceptivo desde una perspectiva estética. El propósito de este artículo es desentrañar los mecanismos retóricos arquitectónicos a través de los que La Terraza desencadena emociones estéticas en los observadores.

Se emplea la metodología cualitativa, entendiendo La Terraza como un estudio de caso. Se le aplica un análisis de contenido desde una posición epistemológica hermenéutica-fenomenológica y una aproximación deductiva. Desde la perspectiva de los investigadores, como arquitectos, se analizan las configuraciones deliberadas de elementos arquitectónicos presentes en La Terraza para producir emociones estéticas, buscando los significados subyacentes bajo su sentido práctico.

Del análisis se deriva la conceptualización de mecanismos retóricos arquitectónicos empleados en la construcción de La Terraza, y que afectan tanto a su materialidad como a su percepción. Se han encontrado evidencias de la presencia de reiteraciones, paralelismos, alteraciones, ambigüedades, contrastes, ambivalencias y extrañamientos.

El conocimiento de dichos mecanismos retóricos y las claves para interpretarlos puede ayudar a los que perciben el edificio de La Terraza a experimentar esas emociones estéticas, desentrañar los significados profundos de la arquitectura y valorar la calidad arquitectónica de una edificación tan representativa de la ciudad de Sada.

Palabras clave

Emociones estéticas, retórica arquitectónica, modernismo

Fig. 1. Fachada principal del edificio de la Terraza en Sada

1. Introducción

El edificio de La Terraza es uno de los más representativos de la arquitectura modernista en Galicia, y sin duda, el más emblemático de la ciudad de Sada. Como tal edificio emblemático, constituye un hito que estructura el mapa mental para los habitantes de la ciudad[1], cuyos recuerdos vitales están ligados y referenciados a él[2]. Para ellos constituye un espacio cotidiano en el que se han experimentado vivencias significativas (Fig. 1).

La relación emocional con los espacios habitados es bidireccional. La configuración espacial transmite emociones a sus habitantes[3], influye en su estado de ánimo e incluso en su conducta[4]. La mente recibe multitud de estímulos diversos de forma simultánea, por lo que tiene que jerarquizarlos y  focalizarse en aquellos que son ineludibles para conseguir los resultados que se precisan en cada instante. Sin embargo, si estas percepciones se decodifican atenta e intencionadamente, podemos llegar a determinar cómo se produce la interacción entre las personas y el medio[5].

Por otro lado, la arquitectura constituye un marco de habitar, un escenario donde se desarrollan las vidas de los habitantes[6]. Esta concepción proviene de la filosofía espacial existencialista, que entiende que lo fundamental del espacio es la experiencia perceptiva que el individuo tiene de él, y la relación esencial de cada sujeto con su entorno inmediato, esto es, el Dasein o ‘ser-ahí’ de Heidegger[7]. De estudiar este aspecto se ocupa la fenomenología[8].

El grado de máxima conexión entre espacio y habitante es la emoción estética; en contraposición a las emociones básicas[9] que podría producir la arquitectura como escenario de vivencias significativas cuando surgen en el recuerdo, las emociones estéticas son las reacciones de deleite ante las manifestaciones de la belleza, según el filósofo Zubiri[10], esto es, el resultado de una experiencia estética[11]

Las emociones estéticas en arquitectura se producen a través de mecanismos retóricos que serían análogos a los que se emplean en la literatura para  materializar una poética[12]. Estos mecanismos retóricos han sido conceptualizados en investigaciones anteriores[13] (Vázquez-Díaz, 2013) como (1) reiteraciones, mecanismo de identidad donde uno o varios fenómenos se repiten, (2) paralelismos, mecanismo de semejanza entre fenómenos, (3) alteraciones, aparición puntual de un fenómeno distinto a los contiguos o excepción a la regla, (4) ambigüedades, fenómenos diferentes que se intersecan por lo que los límites entre ellos se presentan indefinidos y se diluyen, (5) contrastes, presentación simultánea de fenómenos opuestos pero armónicos, (6) ambivalencias, fenómenos que admiten múltiples interpretaciones simultáneas, y (7) extrañamientos, falsas homologías en las que los fenómenos que aparecen simultáneamente encierran una contradicción lógica. A su vez, esta conceptualización de mecanismos retóricos arquitectónicos se basa en la clasificación de figuras retóricas visuales propuesta por Durand[14], atendiendo a la naturaleza de la operación realizada, esto es, la relación entre el contenido denotativo u objetivo y el connotativo o interpretativo.

Debido a la relevancia artística de La Terraza, varios investigadores han llevado a cabo análisis morfológicos e históricos de la evolución del edificio a lo largo del tiempo[15]. Sin embargo, no se ha abordado el análisis fenomenológico de este espacio, descubriendo los mecanismos mediante los cuales produce emociones estéticas en el observador. Desvelar cómo se producen, qué elementos arquitectónicos están implicados en la provocación de cada efecto, permitirá tanto al estudiante como al profesional de la arquitectura comprender cómo aplicarlos a sus propias propuestas para enriquecerlas proyectualmente. Pero especialmente será relevante para los habitantes de Sada y sus visitantes, que de este modo entenderán sus claves estéticas y podrán así hacerse más receptivos a su percepción, sensibilizándolos hacia los valores significantes presentes en él. Se generará así un mayor apego por el edificio, consciencia de su relevancia y, por consiguiente, un mayor compromiso con su conservación.

El propósito de la investigación es conocer los mecanismos retóricos arquitectónicos empleados en el edificio modernista de La Terraza de Sada a través de los que se desencadenan emociones estéticas en los observadores, desvelando su contenido poético y su capacidad para producir respuestas emocionales a nivel estético.

Fig. 2. Esbeltez de la Terraza cuando la aproximación se produce desde el noroeste, por la avenida de la Mariña

2. Método

Este estudio tiene un enfoque cualitativo, asentado epistemológicamente en la fenomenología hermenéutica[16] que busca la interpretación de los significados que el observador experimenta a través de sus percepciones de la realidad, en este caso, del edificio analizado. El énfasis se pone en la perspectiva individual de los investigadores que, como arquitectos, se embeben de la experiencia subjetiva del espacio y analizan sistemáticamente su propia experiencia emocional[17]. Diversos estudios han empleado con anterioridad este enfoque para analizar las conexiones emocionales de los habitantes con su entorno[18], las propiedades sensoriales del espacio[19] y la experiencia estética[20].

La metodología empleada es el estudio de casos[21], siendo la unidad de análisis e interpretación el edificio de La Terraza y su entorno, usádose la recopilación documental como técnica de toma de datos[22]

El edificio analizado es un pabellón ligero, de madera y vidrio, que nació con vocación efímera y que como tal, sufrió modificaciones a lo largo del tiempo, incluso en su ubicación. Fue concebido en 1912 por Antonio López Hernández y dispuesto en los jardines de Méndez Núñez en A Coruña y luego trasladada a Sada en 1923, cuando en su lugar se construyó una edificación de más envergadura. En total, sufrió siete modificaciones, recogidas por los investigadores Soraluce Blond y Bouza Romero[23]. Sin embargo, en este artículo se analizará el edificio en su estado actual, sin hacer referencia a su evolución espacial.

Para elaborar el estudio se visitó el edificio y se tomaron fotografías, que se emplearon como datos primarios. Las fotografías se tomaron en dos días diferentes y con climatologías opuestas, registrando tanto el interior como el exterior del edificio. A partir de un plano de fachada levantado en el año 1974, se redibujó un alzado actualizado donde se plasmó la configuración así como los colores actuales; debido a esto, se considera asimismo un dato primario, pues fue elaborado expresamente para el estudio. A partir de dicho alzado, se elaboraron esquemas que permitieron el análisis gráfico de la composición así como la extracción de medidas y proporciones.

Dado que el propósito de la investigación es conceptualizar los mecanismos retóricos arquitectónicos para producir emociones estéticas en el edificio, como medio de construcción de teoría se recurre a la categorización prototípica[24]. Consiste en la disgregación de lo observado en conceptos en base a un sentido, para posteriormente agruparlos en categorías en función de sus características comunes que permitan ordenar la realidad, clarificando el modo en el que los elementos arquitectónicos han sido empleados para generar mecanismos retóricos.

La estrategia de análisis empleada para la categorización es el análisis de contenido cualitativo[25], realizado con el apoyo del software científico ATLAS.ti 7. La aproximación entre datos y teoría es de naturaleza deductiva, empleando un marco conceptual que recoge los mecanismos retóricos arquitectónicos descritos en la introducción y dejando espacio para la inducción, atendiendo a los conceptos que han emergido durante el análisis.

3. Resultados

Para exponer los resultados del análisis, se describirá un recorrido de aproximación al edificio, terminándolo en su interior, mostrando todos los mecanismos retóricos arquitectónicos de los que se han hallado evidencias en los datos a medida que se desarrolla el paseo.

La aproximación al edificio se realiza en escorzo (Fig. 2); este hecho hace que el edificio parezca mucho más compacto y sobre todo, enfatiza su esbeltez y las líneas verticales frente a la horizontalidad que realmente domina la composición. Se produce así una ambivalencia perceptiva, en la que lo horizontal se percibe como vertical y en la que impermeabilidad visual transmuta hacia la permeabilidad, revelando tras de sí la continuidad del espacio.

Cuando se observa el edificio desde la acera opuesta, es posible contemplarlo en su plenitud. Al cambiar la perspectiva, los vanos se abren visualmente y se transmite contundentemente el concepto de ligereza; el aspecto frágil y liviano del edificio lo confieren los pilares de madera de pequeña escuadría que conforman la estructura del edificio. Los vanos entre pilares están cerrados por carpinterías en todo su perímetro, alternando los vidrios y los paneles de madera, de tal modo que la planta baja se percibe más sólida que la superior; los colores que escinden las carpinterías de la estructura más claramente en la planta alta redundan en el mismo objetivo (Fig. 3). Este efecto de liviandad se intensifica porque la luz natural atraviesa el espacio de parte a parte, y por tanto, no hay reflejos.

Fig. 3. Los colores escinden visualmente los vanos de la estructura y le confieren una mayor liviandad aparente, que va haciéndose cada vez más contundente a medida que la fachada se eleva.

El edificio tiene un orden tectónico generado por la reiteración de elementos constructivos, al que se contrapone el volumen adosado de servicios, de carácter estereotómico y masivo en su planta baja, y que se dispone sin solución de continuidad.

Las carpinterías y pies derechos generan un entramado de huecos que configuran una filigrana calada, como un encaje que atrapa momentáneamente el espacio. A través de este encaje, se percibe el paisaje circundante, actuando todo el edificio como un tamiz visual; por la posición sobreelevada de la edificación, que se dispone sobre un plinto macizo, no permite ver el mar, sino las colinas situadas del otro lado de la ría y el cielo. Sin embargo, los vidrios translúcidos y de colores, así como los paños opacos, predominan claramente frente a los transparentes. Se produce así la contradicción de percibir un edificio muy etéreo, calado, permeable, que ofrece una percepción de retazos de entorno que el observador ha de reconstruir en su mente, a la vez que constituye una barrera visual y física (Fig. 1). Todo esto se consigue a través del contraste entre lo translúcido y lo transparente, entre lo opaco y el hueco, lo ligero y lo sólido.

Los huecos se componen de dos módulos diferentes, uno más estrecho (A) y otro más ancho (B), y un tercero que configura la entrada (C), lo que constituye una alteración. La repetición alterna de estos módulos genera un ritmo complejo, que forman a su vez agrupaciones que completan medidas exactas:

A   + BBA + BAB +  C  + BAB + BBA +  A

1,5 +  7  +  7  + 2,5 +  7  +  7  + 1,5

Al marcar los elementos verticales de fachada, se evidencia un ritmo más pausado y constante en el cuerpo inferior que se complejiza y subdivide en el cuerpo superior. El alzado se asemeja así a una partitura para piano, en el que la planta constituye el pentagrama inferior, destinado a la mano izquierda y que marca la cadencia grave, el bajo continuo de la composición, mientras que la planta alta contiene la melodía que tocará la mano derecha, más compleja, con trazos verticales cortos, a veces alineados y por tanto simultáneos, y acentuada por los añadidos calados de cubierta que coinciden con los módulos estrechos (Fig. 4). La fachada se configura así como una pieza musical completa, simétrica en su conjunto, que comienza de forma clara con una torreta y se remata de igual modo, y cuya agrupación de módulos genera un fraseo difícil de captar, pero presente.

Fig. 4. El alzado se asemeja así a una partitura para piano. La planta baja constituye el pentagrama inferior, destinado a la mano izquierda y que marca la cadencia grave, el bajo continuo de la composición. Mientras que la planta alta contiene la melodía que tocará la mano derecha, más compleja, con trazos verticales cortos, a las veces alineados y, por tanto, simultáneos. Además acentuada por los añadidos calados de la cubierta que coinciden con los módulos estrechos.
Fig. 5. Una secuencia de óvalos de directriz vertical en la planta baja, mientras que en la alta un conjunto de óvalos y círculos anidan unos dentro de otros. Éstos se superponen, se intersecan, subrayados por pequeños arcos. La música visual que son los alzados se compone de sonidos redondos y llenos, combinados con otro más incisivos y sistemáticos.

Además de los ritmos verticales, otro juego se materializa en la fachada de forma concomitante. Los trazos curvos de la carpintería se completan en la mente y configuran una secuencia de óvalos de directriz vertical en la planta baja, y en la alta, un conjunto de óvalos y círculos que anidan unos dentro de otros, se superponen, se intersecan, subrayados por pequeños arcos (Fig. 5). La música visual que suena en los alzados se compone de sonidos redondos y llenos combinados con otros más incisivos y sistemáticos. Lo curvo y lo recto se solapa hasta fundirse de un modo sutil, una lógica compleja cuyas claves no se desvelan de forma inmediata; a través de lo sugerido, de lo incompleto, de revelar solo parcialmente, se atrae la atención del observador, cuyo subconsciente percibe la armonía subyacente.

En una esquina del edificio crece una planta de kiwi, que trepa a través de una finísima estructura metálica de formas orgánicas. Lo natural y lo artificial se entremezclan, las ramas de madera se entrelazan intrincadamente con las ramas metálicas y geométricas, y la arquitectura se muestra como un organismo, lo inerte quiere estar vivo. La presencia de la trepadora genera una alusión al paso del tiempo, ya que pierde sus hojas en invierno, momento en el que el contraste perceptivo entre las retorcidas ramas vivas e inertes alcanza su máxima expresión (Fig. 6). El viento meciendo las hojas también introduce el movimiento en la composición estática de la fachada.

Cuando la aproximación se produce desde el noroeste, por la avenida de La Marina, el observador ha de pasar bajo el plano de hojas generado por el kiwi; éste genera un tamiz visual que obliga a la mente a reconstruir la imagen del edificio encajando las visiones parciales que percibe entre las hojas (Fig. 7).

Fig. 6. La presencia de la trepadora genera una alusión al paso del tiempo, ya que pierde sus hojas en invierno, momento en que el que el contraste perceptivo entre sus ramas retorcidas vivas e inertes alcanza su máxima expresión.
Fig. 7. El observador debe pasar bajo el plano de hojas generado por el kiwi. éste genera una celosía visual que obliga a la mente a reconstruir la imagen del edificio encajando las visiones parciales que percibe entre las hojas.

Al entrar en el edificio aparece una reiteración de las formas curvas en la escalera de acceso a la planta superior, que hace desvanecer la sensación de edificio transparente y ligero que se tenía desde el exterior. La situación de la barra y un panel que separa del comedor induce al visitante a girar a su izquierda, aunque las sinuosas formas de la escalera invitan a explorar la parte alta.

La atmósfera de la planta baja es cálida y tranquila gracias a los vidrios tintados de verde y dorado situados en las partes altas de las carpinterías (Fig. 8). Al sentarse en una de las mesas, además de la pátina que alude al paso del tiempo, se percibe una ambivalencia entre interior y exterior, produciéndose una sensación de espacio abierto pero protegido. Desde aquí se puede disfrutar del contraste entre el paisaje urbano y el paisaje natural de la ría que se despliegan a ambos lados.

En el reflejo de los vidrios se producen multitud de mecanismos retóricos (Fig. 9); el entorno aparece replicado pero de un modo más amortiguado, como un eco visual, e imagen real y reflejada se superponen, difuminándose sus límites, generando una sensación onírica. Como las membranas de ambos lados son de vidrio, la arquitectura se impregna de la imagen de sí misma, y a la vez, el paisaje urbano y el paisaje de la ría se entremezclan; La figura del propio habitante se reproduce sobre la piel del espacio, y lo que no es arquitectura reverbera sobre la arquitectura. Contrasta lo nítido y lo difuso, lo claro y lo oscuro, la luz y la penumbra, y entre el reflejo del kiwi, anida la luz envuelta por la sombra, lo que constituye una paradoja.

A través de las formas orgánicas de la escalera se accede a la planta alta (Fig. 10), en donde se produce una dilatación inesperada del espacio; a pesar de que el visitante cree estar en un costado del edificio, al llegar arriba se encuentra en medio de un espacio diáfano, ya que el cuerpo de servicios que es opaco y está oculto en la planta inferior, se incorpora al ámbito del cuerpo principal. Aún así, se mantiene la directriz longitudinal, gracias a la continuación de la secuencia de pilares y a la existencia de barandillas que, además de proteger la escalera, se prolongan para segregar dicho espacio adyacente, produciéndose una estratificación de espacios. También se enfatiza debido al techo abovedado constituido por un entablillado sobre cerchas metálicas. Esta bóveda se pierde en sus extremos, produciéndose una ambigüedad, ya que las torretas de los extremos elevan ligeramente el techo y desdibujan sus bordes, generando un engarce espacial (Fig. 11).

Al igual que en el enrejado que conforma la marquesina que recorre el frente de la fachada hacia la ciudad, nuevamente las cerchas quieren ser ramas, lo artificial adopta formas naturales y la no arquitectura reverbera en la arquitectura, produciéndose una alteración morfológica. La atmósfera aquí es más intensa, debido a que la proporción de vidrios coloreados es mucho mayor, y se añade el color rojo (Fig. 12). Se da la circunstancia de que los vidrios rojos adquieren una tonalidad azulada cuando se observan desde el exterior; los que están en la fachada frente al observador, apenas son atravesados por la luz y se oscurecen intensamente, mientras que en los de la fachada opuesta, el cielo a su través revela el color verdadero, generándose así un equívoco, que persiste aunque se camine alrededor del edificio (Fig. 13).

Desde el interior de la planta superior, la melodía visual trazada en la fachada se intensifica, ya que se percibe a ambos lados, conectada por las cerchas y sus filigranas, que complejizan aún más el ritmo percibido, en este caso, en tres dimensiones; se produce la ilusión de  estar envuelto por sonidos cristalizados (Fig. 11).

Fig. 8. Atmósfera cálida y tranquila gracias a los vidrios teñidos de verde y dorado en el bajo.
Fig. 9. Juego de reflejos desde el interior de la planta baja, con presencia de multitud de mecanismos retóricos arquitectónicos y evocación de una atmósfera onírica.
Fig. 10. Escaleras de acceso al primer piso.
Fig. 11. Planta alta del edificio de la Terraza.

4. Discusión y conclusiones

Tras el análisis de los resultados, en este estudio se han hallado evidencias de la presencia de mecanismos retóricos arquitectónicos para producir emociones estéticas en todas sus categorías, esto es, reiteraciones, paralelismos, alteraciones, ambivalencias, contrastes, ambigüedades y extrañamientos. Este hecho apunta a que dicha clasificación, que hasta el momento solo había sido aplicada a la arquitectura contemporánea[26], es también pertinente para la descripción de los recursos retóricos que se han empleado en el periodo artístico del modernismo, lo que apunta a que es posible que pueda extenderse a otros estilos, extremo que sería necesario comprobar en futuras investigaciones.

Los mecanismos con una presencia más contundente en el edificio de La Terraza, esto es, que se han detectado con mayor recurrencia y relevancia en los datos analizados son los paralelismos perceptivos que aluden a materialización de un ritmo mediante la modulación y submodulación, a la evocación de formas naturales en los elementos arquitectónicos y a la calidez a través de los vidrios coloreados.

Los extrañamientos, aunque se han detectado, tienen una menor presencia que en la arquitectura contemporánea, caracterizada por su abstracción y la consiguiente sutileza de los efectos perseguidos y logrados. Por el contrario, las reiteraciones y paralelismos tienen una mayor importancia; es esperable que en los estilos históricos se repitan estos mismos resultados.

En este estudio no se ha considerado la percepción nocturna del edificio, lo que evidenciaría un mayor número de mecanismos vinculados a los reflejos que se producirían en los vidrios desde el interior.

Con la explicitación de los mecanismos retóricos empleados en la concepción de La Terraza y su interpretación en términos estéticos se refuerza el interés del edificio no solo en el plano histórico, sino también arquitectónico y proyectual. Las personas que perciban el edificio, especialmente aquellas no expertas, podrán apreciar una mayor cantidad de emociones estéticas, que los habitantes de Sada podrán añadir a las emociones suscitadas por los recuerdos vitales asociados a este edificio tan representativo de la ciudad.

Marzo de 2017

Sonia Vázquez-Díaz, Dr. arquitecta

Alberto Fuentes-Valcárcel, arquitecto

Fig. 12. Vidrios coloreados y translúcidos en la fachada de la Terraza.
Fig. 13. Los vidrios rojos adquieren una tonalidad azulada cuando se observan desde el exterior. Los que están en la fachada frente al observador, apenas son atravesados por la luz y se oscurecen intensamente. Mientras, en los de la fachada opuesta, el cielo a su través revela el color verdadero, el cual genera un equívoco, que persiste aunque se camine alrededor del edificio.


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Relación de las imágenes

Todas las imágenes del artículo son esquemas y dibujos elaborados por los autores. Igualmente, las fotografías fueron tomadas por ellos mismos en el año 2016, excepto la última que es del año 2013.

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